UN SORBO DE AGUA DE VIDA: VER LA FLOR Y NO VER LA ESPINA

Otoniel Plascencia González

“Alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu corazón en los días de tu adolescencia; y anda en los caminos de tu corazón y en la vista de tus ojos; pero sabe, que sobre todas estas cosas te juzgará Dios.” Eclesiastés 11; 9.

El sabio Salomón quien escribe este libro al final de su vida, nos cuenta el problema de las tentaciones que se presentan mayormente en la adolescencia y la juventud, por experiencia propia, el rey Salomón nos describe los trágicos resultados de una vida que no se planea y en la que se excluye a Dios, ciertamente el cristianismo requiere sacrificio y abnegación, pero la falta de temor de Dios resulta mucho más caro, “Porque  ¿quién de vosotros,  queriendo edificar una torre,  no se sienta primero y calcula los gastos,  a ver si tiene lo que necesita para acabarla?” San Lucas 14; 28, nos cuenta el rey, que al final de la vida, todo esto tiene consecuencias, un día tarde o temprano, el más justo Juez juzgará todos nuestros actos.

En su libro de Eclesiastés el sabio nos dice que todo en esta vida, es vanidad, vanidad de vanidades, dice el rey Salomón, explicándonos que todo lo que se quiere debajo del sol, es efímero, transitorio, por larga que nos parezca la vida, tiene un fin, todo se evapora, como las nubes, que un momento están y en un momento se esfuman, así cataloga Salomón nuestra estancia en esta vida, cuando menos pensamos, la vida se nos escurre por las manos como el agua, la vida es como un sueño, “Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad.” Eclesiastés 1; 2.

Cuando el predicador nos dice, “Alégrate, joven, en tu juventud”, no es un consejo, es más que nada una advertencia, para que recapacitemos acerca de los placeres de este mundo, cuando el joven busca los placeres de la carne sin ningún recato, cuando no hay moderación, cuando se busca incesantemente los placeres de este mundo, y que el hombre no escatima en los deseos de los ojos y de la carne, y la gloria vana de la vida, cuando el desenfreno es el común denominador en la vida del hombre, como buen predicador el sabio Salomón nos apercibe, como el padre al hijo, no sólo por experiencia propia, sino se da a la tarea de investigar, y nos lo expone de esta manera, “Y cuanto más sabio fue el Predicador,  tanto más enseñó sabiduría al pueblo;  e hizo escuchar,  e hizo escudriñar,  y compuso muchos proverbios.” Eclesiastés 12; 9.

Cuando se es joven es difícil reflexionar que las fuerzas de la juventud un día van a declinar, como también que un día va a llegar la muerte, son tan reales las fuerzas de la juventud, que no se pone a pensar el joven en el paso de los años, pero debe saber el hombre joven, y los no tan jóvenes, que un día más que nada los placeres de la vida, nos cobran la factura, pero no sólo la vida, un día vamos a tener que ir a dar cuentas a Dios, un día la adolescencia y la juventud se van a terminar, y hemos de enfrentarnos a Dios, este es el Gran Pero, y consiste pues en que todo lo que hicimos con nuestra juventud, lo que hicimos con nuestros años mozos, con aquella fuerza radiante, un día le daremos cuentas a Dios, vamos a ser juzgados sobre aquellos años de juventud, porque la adolescencia y juventud vienen de Dios, Él nos los presta para servirle a Dios y no para derrocharlos en los placeres de este mundo, por eso la recomendación divina, “Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud,  antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas:  No tengo en ellos contentamiento;” Eclesiastés 12; 1.

Lo que el Creador nos quiere decir, acuérdate que no eres tu propio dueño, tu dueño es Dios y un día hemos de darle cuenta acerca de lo que hicimos con nuestra juventud y nuestra vida, por tanto hemos de servirle a Dios con todas nuestras fuerzas, no con las sobras de nuestra vida, no con la escoria, sino con las fuerzas de la juventud que Él nos da, “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón,  y con toda tu alma,  y con toda tu mente y con todas tus fuerzas.  Este es el principal mandamiento.” San Marcos 12; 30, este es el primer y más grande mandamiento.

Debes pues tu saber que tanto la adolescencia, como la juventud, Dios nos las da para servirle, no nos pertenecemos a nosotros mismos, así como la ancianidad, también viene de Dios, todo le pertenece a Dios, y en todas las etapas de la vida hemos de servirle con alegría y con resolución, Cristo te ama, y entregó toda su vida, hasta la última gota de su sangre para salvarnos y darnos la vida eterna, por eso tiene todo el poder y la soberanía para exigir de nosotros que le sirvamos con toda la alegría del corazón todos los días de nuestra vida, hemos de ver la flor, pero también la espina antes que nos pinchemos y sentir el dolor del justo juicio de Dios.

Que el Alto Dios te guíe a toda verdad y justicia. A Cristo sea toda la honra por su sacrificio en la cruz del calvario. Amén.

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