UN SORBO DE AGUA DE VIDA Pies que resbalan al abismo

Otoniel Plascencia González

Colaborador

“Mía es la venganza y la retribución; A su tiempo su pie resbalará, Porque el día de su aflicción está cercano, Y lo que les está preparado se apresura.” Deuteronomio 32; 35.

En este pasaje se trata directamente de los enemigos de Israel, aquellos pueblos que habían hecho tropezar al pueblo elegido de Dios, ellos no se daban cuenta que si los israelitas habían fracasado contra ellos, es porque Dios los había abandonado por su transgresión contra su ley, de otra forma nunca pudieron haber derrotado a Israel, Dios había permitido ese oprobio porque Dios quería hacer volver a su pueblo al camino del bien, “¿Cómo podría perseguir uno a mil, Y dos hacer huir a diez mil, Si su Roca no los hubiese vendido, Y Jehová no los hubiera entregado?” Deuteronomio 32; 30.

Los propósitos de Dios son perfectos, aunque su pueblo se había revelado contra su Dios, Dios los quería perdonar, pero los enemigos de su pueblo se habían vanagloriado que era por sus fuerzas, Dios habría sometido rápidamente a sus enemigos si no hubiese sido por la perversidad de este, pero aun así la maldad del enemigo no quedaría impune, “No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.” Romanos 12; 9, Dios lo haría en su tiempo, en su momento, no estaba lejos la venganza del Señor, que no piense el pecador que su maldad pasará desapercibida al Señor Jesucristo, de la misma manera en que Dios atesora en su redoma las lágrimas de los suyos (Sal. 56; 8), también reserva para el día de la ira, el castigo que el pecador acumula para sí mismo (Ro. 2; 5).

Nos hemos de dar cuenta que nuestros pies pueden resbalar en cualquier momento y que el desenlace final para el pecador es el tormento eterno, la fragilidad de nuestra vida es tal, que en cualquier momento de la vida, nuestros pies resbalan de tal forma que no hay quien lo pueda evitar, lo único que nos sostiene en esta vida, es la misericordia de Dios, esperando que nos volvamos a Él, en un arrepentimiento genuino, para perdonar nuestros pecados y así tener el derecho a la gloria eterna juntamente con Cristo Jesús, la vida se escapa de cualquier forma, no sabemos el día que hemos de partir de este mundo, la vida humana está a tan sólo una fracción de segundo de la muerte, un accidente, una enfermedad, hasta de una caída cualquiera, el día de la aflicción está tan cerca, “El hombre, nacido de mujer, corto de días y lleno de turbaciones,” Job 14; 1.

Los pies del pecador se encuentran resbalando constantemente hacía un infierno con sus fauces abiertas para devorarlo, donde los demonios lo esperan para atormentarlo por los siglos de los siglos, sólo Cristo que murió en la cruz del calvario puede rescatarlo de la condenación eterna, sólo su misericordia pueden detener esa trágica caída, “Diles: Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva.” Ezequiel 33; 11ª.

Si el pecador reflexionase atentamente, con toda seriedad, lo que ha de ser de él por toda la eternidad, no tardaría en volverse a Dios, el ser humano piensa que su sentencia nunca llegará y que su pecado nunca recibiría su justo castigo, todos los que tenemos vida hasta hoy es porque Dios ha alargado su misericordia, “El Señor no retarda su promesa,  según algunos la tienen por tardanza,  sino que es paciente para con nosotros,  no queriendo que ninguno perezca,  sino que todos procedan al arrepentimiento.” 2 Pedro 3; 9, lo único que nos sostiene en este mundo y con vida es la gracia de Dios, pero llegará un momento en que Dios tenga que permitir la muerte del pecador, el día en que lo suelte de su mano, y tenga que enfrentar la muerte y el juicio divino.

Todos hemos de morir algún día, no hay escape a la muerte, el asunto es estar preparados para el día que esto tenga que ocurrir, porque sólo hay un camino hacia la vida eterna y esto es Cristo Jesús, el otro camino sólo lleva a la condenación eterna, tu escoges cuál camino has de seguir, la decisión es personal, debes detener tus pies que resbalan hacía la condenación eterna, busca hoy mismo la misericordia de Dios.

Que el Alto Dios te guíe a toda verdad y justicia. A Cristo sea toda la honra por su sacrificio en la cruz del calvario. Amén.

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