LA TRAGEDIA DEL PRIMERO DE ABRIL: Los cadáveres de Francisco y Andrés Portillo

Por: Reidezel Mendoza Soriano, historiador

HECHOS

La mañana del primero de abril de 1911, una fuerza de 300 soldados federales, comandados por el coronel Fernando Trucy Aubert y el mayor Santiago F. Rivero, sorprendieron y atacaron a una pequeña partida de revolucionarios al mando de los jovenes Francisco y Andrés Portillo, en su campamento, en la entrada natural de la villa de Aldama, a un kilómetro al sur de la población. Los maderistas fueron arrasados y 67 personas murieron esa mañana, entre rebeldes y civiles.

Después de ser identificados por algunos vecinos y fotografiados por Luis R. Pimentel, los cadáveres de los Portillo fueron trasladados al centro de la villa y exhibidos en las calles de la villa de Aldama, junto con los de los de otros insurrectos para infundir miedo. A la una de la tarde, la columna del coronel Trucy Aubert marchó a la capital del estado, llevando consigo los restos de los señores Portillo, tendidos en unas camillas de lona. Esa misma noche, la tropa desfiló frente al Cuartel General, en el edificio del Palacio Federal, y rindió parte al jefe de la Segunda Zona Militar.

Alberto Rembao relata:

“Vi al coronel [Miguel] Ahumada y le escuché su voz cuartelera de soldado viejo de la República a la hora de pesar el cadáver de Francisco Portillo, porque entonces se acostumbraba pesar los cuerpos de los ajusticiados antes de entregarlos a los deudos […] Pesan a Pancho Portillo en una báscula […] un sargento […] dice: ‘72 kilos [sic] esaititos.’ Allí está, vestida de negro y con el rostro lleno de tristeza, doña Luisa Bauman de Portillo, madre del difunto acompañada de varios familiares, esperando a que les entreguen el cuerpo para darle cristiana sepultura. El coronel Ahumada, al verla, pregunta de nuevo al militar: “¿Cuantos kilos dijiste?” Y el rural contesta: “Setenta y dos, jefe”. Entonces el gobernador se vuelve hacia la madre de Francisco Portillo y, textualmente, le dice: “Ya oyó, setenta y dos kilos pesa su hijo para que le escriba a Madero a ver si se lo paga en oro.”

A partir de las nueve de la noche, los cuerpos de los Portillo fueron expuestos al público en la puerta principal del edificio de la Inspección General de Policía, buscando escarmentar a los simpatizantes del maderismo; se calculó en más de 3,000 las personas los que acudieron a verlos.

Después de ser exhibidos, el Juzgado 2º de lo Penal instruyó a la oficina del Registro Civil que los cadáveres fueran inhumados en el panteón de Santa Rosa. Al día siguiente, Gustavo Álvarez, quien dijo ser tío de Francisco Portillo, reclamó los restos de los dos jefes y declaró: “ser nativo y vecino de Meoqui, distrito Camargo, de 46 años de edad, casado, agricultor, con domicilio accidental en esta ciudad, en la calle Ojinaga número cuatro […] que Francisco Portillo era nativo de Rosales, distrito Camargo; de 21 años de edad, soltero, empleado, hijo del finado Baltasar Portillo y de Luisa Bauman […] que ignora los generales de Andrés J. Portillo, y que no era pariente suyo.” La inhumación se llevó a cabo ese mismo día en el panteón de Santa Rosa, a las dos de la tarde, sin que hayan asistido familiares del jefe Andrés, pues no se enteraron de su muerte hasta una semana después. Francisco Portillo fue sepultado en la fosa número 1890, y Andrés en la número 1891. El 27 de febrero de 1912, el gobernador del estado, Abraham González, condonó el derecho perpetuo. El 30 de enero de 1913 el comisionado oficial para gestionar reclamaciones a favor de las víctimas de la Revolución de 1910, solicitó copia certificada del acta de defunción y así quedó asentado en el libro original del Registro Civil.

“Durante algunas horas tuvieron expuestos al público en los portales del lugar los cadáveres de los hermanos Portillo así como a otros cabecillas de movimiento. Ya durante la tarde retornaron a la ciudad de Chihuahua por temor a ser atacados, ya que la mayor parte de los insurrectos estaban fuera […] porque corrió el rumor entre ellos de que estaban organizándose para atacar dichos federales. Habiendo ordenado la salida el mencionado coronel, llevándose todos los cadáveres de sus hombres, así como los de los hermanos Portillo, los cuales fueron expuestos en la Comandancia de esa ciudad”.

En la lápida del jefe Francisco Portillo quedó grabado el epitafio que dictó su madre: “FRANCISCO PORTILLO MUERTO EN ALDAMA, CHIH. EL 1º DE ABRIL DE 1911, A LOS 22 AÑOS DE EDAD.

Hijo

El triunfo de la muerte

Sobre tu preciosa existencia

Fue la derrota anticipada

De muchos bienes futuros

Te sacrificaste por un ideal sublime:

La libertad del pueblo.

Tu madre bendice tus esfuerzos

Y llora tu muerte

Luis B. de Portillo”

 

La exhumación

 

Veintiocho años después, la mañana del domingo dos de abril de 1939, fueron exhumados los restos de los señores Francisco y Andrés Portillo del abandonado panteón de Santa Rosa, y trasladados al Salón Rojo del Palacio de Gobierno de Chihuahua, en donde se instaló una capilla ardiente. Las autoridades civiles y militares hicieron guardia ante el féretro, que contenía los restos de ambos guerrilleros, cubierto con una bandera nacional enlutada. Los primeros en hacer la guardia fueron los señores Silvestre Terrazas, Ramón Portillo Bauman, hermano de Francisco, José María Jurado y Antonio Gándara Parra; los sustituyeron el mayor Armando Guerrero, capitán Manuel M. Delgado y subtenientes Tiburcio Aquino Hernández y Toribio López V., de la Quinta Zona Militar. Continuaron cubriendo los turnos elementos de la Policía Municipal, magistrados del Supremo Tribunal de Justicia, empleados del gobierno del estado, de la Federación, representantes de los sectores obrero, campesino y del magisterio, veteranos de la Revolución, miembros del Comité Pro-Recuperación y numerosos civiles.

Dentro del sencillo ataúd color plomo fue depositada una botella de vidrio que contenía un acta, en la que se asentaba las ceremonias que se efectuaron ese día en honor a los dos revolucionarios, firmada por los miembros de la directiva del Comité Pro reinhumación de los restos de los preclaros revolucionarios chihuahuenses Francisco y Andrés Portillo, que gestionaron la exhumación de los restos y la celebración de un homenaje. Innumerables ofrendas florales fueron colocadas sobre el sepulcro, ante el cual, el profesor Ramón Vargas Flores pronunció una oración fúnebre.

A las cinco de la tarde el ataúd fue trasladado al cementerio de Dolores, acompañándolo en el primer tramo, desde el Palacio de Gobierno hasta la esquina de la Avenida Vicente Guerrero y calle Allende, el ingeniero Francisco Chávez Holguín, secretario General de Gobierno, Ángel Martínez, tesorero General del Estado, Ramón Portillo Bauman, oficial Mayor de Gobierno, y el periodista Silvestre Terrazas, del Comité Pro-Recuperación; posteriormente fueron sustituidos por numerosas comisiones, integradas por miembros de agrupaciones sociales, compañeros de armas, amigos, familiares y admiradores de los jefes Portillo, que escoltaron los restos hasta su sepultura.

Esa noche también se efectuó un concierto luctuoso que se transmitió por la radiodifusora XEFI, en el que participaron los miembros del Comité y el Quinteto del profesor Maguregui; asimismo se hizo una remembranza de los principales pasajes de la vida de los dos jefes.

 

El retorno de los Portillo a Aldama

Cien años después, los Portillo regresaron a Aldama. El 18 de noviembre de 2011, una comisión del H. Ayuntamiento de Aldama, encabezada por el licenciado Carlos Hermosillo Torres, y el autor de estas líneas, participaron en la exhumación de los restos de los señores Francisco y Andrés Portillo del viejo cementerio de Dolores que, posteriormente, fueron trasladados e inhumados en el panteón de dicha ciudad el día 20, después de un homenaje en el que participaron autoridades civiles y militares. Ahí descansan junto al resto de sus compañeros de armas y civiles que murieron aquella fatídica mañana del primero de abril de 1911.

 

Fuentes:

El Correo

La Voz de Chihuahua

El Padre Padilla

El Heraldo

Severiano L. Gutiérrez, Los mártires de Aldama, Chihuahua, 1911

Juan B. Quezada, La muerte de los Portillo o la tragedia de Aldama, Chihuahua, 1911

Libro de defunciones de la ciudad de Chihuahua, 1911

Alberto Rembao, Chihuahua de mis amores, Nueva York, 1949

Reidezel Mendoza S., Jinetes Rebeldes. Historia de los revolucionarios Francisco y Andrés Portillo, 2ª edición, 2019.