El círculo vicioso de la impunidad

Han pasado casi dos años desde aquel 23 de marzo en el que Miroslava Breach Velducea fue cobardemente asesinada, y su homicidio, como el de la mayoría de los periodistas asesinados en México, sigue impune.

De acuerdo con los datos publicados por la organización Article 19 México y Centroamérica, desde el año 2000 hasta el pasado 16 de marzo, se han documentado 124 asesinatos de periodistas, en posible relación con su labor periodística. De esos 124 asesinatos, prácticamente el cien por ciento permanece en la impunidad.

Ese índice de impunidad, se explica con lo expuesto por el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés); es decir, con el hecho de que, en la mayoría de los asesinatos de periodistas en México, existen indicios no solo de la participación del crimen organizado, sino también de actores gubernamentales.

En ese contexto, no es difícil llegar a la conclusión de que la complicidad, el encubrimiento o las omisiones son las causas de la impunidad, y que la impunidad es causa del aumento en el número de periodistas asesinados. Es decir, se trata de un círculo vicioso que ha dejado muy claro que asesinar periodistas en México ya es sinónimo de impunidad y, además, de “normalidad”.

Y es que como bien lo dijo (a través de un estremecedor texto publicado por el diario The New York Times en Español) Paula Mónaco Felipe: “los periodistas asesinados en México ya no son noticia, ni a nivel local ni para la prensa internacional. A cada nuevo caso apenas se le menciona con notas que ocupan pocos párrafos, sin seguimiento ni coberturas especiales”.

Pero lo más preocupante del asunto, es que gobiernos van y gobiernos vienen, y todo parece indicar que, más allá de no haber voluntad, capacidad o calidad moral para acabar con el creciente circulo de impunidad que -con toda normalidad- mata a los periodistas y comunicadores en México, el discurso de odio y rencor hacia medios de comunicación, periodistas y comunicadores va en aumento y, peor aún, encabezado por quien, en primerísimo lugar, debería prescindir y evitar la violencia en cualquiera de sus manifestaciones.

En esta ocasión, concluyo citando lo dicho alguna vez por el educador, escritor y activista estadounidense, Jonathan Kozol: “El hecho de que un crimen se haya cometido con impunidad en el pasado puede hacer que parezca más familiar y menos espantoso, pero no le da legitimidad”.

 

Aída María Holguín Baeza

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